La candidiasis cutánea es típicamente una infección superficial que afecta principalmente la epidermis, aunque en casos de inmunosupresión o candidiasis mucocutánea crónica, la afectación puede ser más profunda.
El hallazgo histológico más característico de la candidiasis cutánea es el patrón de dermatitis espongiótica superficial con paraqueratosis y aparición de escamas y costras. En la imagen se observa una capa de células nucleadas retenidas en el estrato córneo donde el hongo prolifera.

Se aprecian neutrófilos migrando a través de la epidermis y formando microabscesos en el estrato córneo o subcórneo, adyacente al cual se reconoce el hongo (Cándida sp).
El hongo puede verse en forma de levaduras (blastoconidias) que son células ovales o redondas pequeñas (aproximadamente 4-6 μm a 6-10 μm), de pared delgada, que se reproducen por gemación simple (unigemantes). Otra forma son las pseudohifas: forma filamentosa más común. Se ven como filamentos alargados formados por células levaduriformes unidas de extremo a extremo, que parecen «salchichas unidas». Tienen constricciones en los puntos de unión entre las células. Y la última son las hifas verdaderas que se ven especialmente en infecciones más profundas o sistémicas. Son filamentos ramificados, sin las constricciones marcadas de las pseudohifas.